PARASITOSIS DE LOS BOVINOS: BASES DE LA INDICACIÓN DE DESPARASITAR NOVILLOS Y VAQUILLONAS EN NOVIEMBRE

 Boletín Técnico para Profesionales

La parasitosis interna producida por gusanos redondos (nematodos), presenta una dinámica diferente dependiente de la época del año.

En la denominada Parasitosis otoño-invernal, la dinámica de la infección en pasturas y animales, es tal que se limitan las chances de implementar un programa de control óptimo. Este cuadro, presenta una alta carga de larvas infectantes en los potreros las que son ingeridas por los animales, originando una elevada carga de parásitos adultos. La maduración de los parásitos en los animales durante el período otoño-invernal demora 3 semanas, luego de lo cual vuelven a aportar huevos a las praderas, constituyendo un verdadero círculo vicioso, en el que fácilmente se encadenan 3-4 generaciones parasitarias.

En ese contexto, las pérdidas en producción solo podrán minimizarse a través de un programa racional de control basado en el conocimiento del comportamiento parasitario -en pasturas y animales- y en el diagnóstico de laboratorio, constituyendo un verdadero desafío para los veterinarios.

Durante la primavera, la dinámica de la enfermedad cambia. La inmunidad desarrollada por los animales reduce la carga de nematodos adultos en cuajo e intestinos y la excreción de huevos (HPG) a las pasturas. No obstante, las larvas de Ostertagia ingeridas con el pastoreo, se “adormecen” en las glándulas del cuajo (Inhibición del desarrollo), frenando el ciclo parasitario como larva 4 en hipobiosis. Condición inducida por la acción combinada de la temperatura y la luminosidad –condiciones de primavera- sobre las larvas infectantes que están en el pasto, antes de ser ingeridas por los animales. Esta especial presentación se describe como Ostertagiosis Pre-Tipo II.

En este cuadro, la maduración de los parásitos en los animales, se alarga a 4-5 meses. De tal forma que -de las 3-4 generaciones otoño-invernales se pasa a solo una- disminuyendo en consecuencia la posibilidad de multiplicación, pero permitiendo que los parásitos atraviesen sin demasiado riesgo un período del año -verano- que le resulta desfavorable para su supervivencia ya que produce gran mortandad de “lombrices” en las pasturas. Así, logran alcanzar el siguiente otoño y contaminar nuevamente las pasturas donde encontrarán condiciones climáticas óptimas y animales susceptibles (destetes) que favorecerán el desarrollo de la infección parasitaria.

Este cuadro ha sido descripto en nuestro país, abarcando la Pampa Húmeda, la zona semiárida pampeana y la región subtropical, así como la R.O. del Uruguay y el sur de Brasil, lo cual indica que se trata de un fenómeno que se repite en la misma época en una amplia región del hemisferio sur con clima de tipo templado.

 

A partir de mediados del verano los parásitos comienzan a “despertar” reanudando el desarrollo de su ciclo parasitario. Este proceso lesiona gravemente el cuajo ocasionando un importante efecto productivo en novillitos y vaquillonas de sobreaño.

El impacto productivo dependerá de la cantidad de larvas que fueron ingeridas durante la primavera, variando de la presentación casi asintomática, con diarreas en un 4-5% del rodeo -frecuentemente adjudicadas al rebrote de las pasturas- poniendo en juego 15-30 kg. de peso por animal, hasta la presentación clínica de la enfermedad (menos común) conocida como Ostertagiosis Tipo II que se caracteriza por la aparición de pérdidas importantes de peso, edemas submandibulares (hipoproteinemia severa), diarreas rebeldes al tratamiento e índices de mortandad elevados.

El presente año, agrega la particularidad que, desde la mitad del otoño e invierno, se presentó sequía en gran parte del país, manteniéndose una alta proporción de larvas infectantes dentro de las botas. En tal condición, ocurre un desplazamiento de la infectividad de pasturas hacia la primavera, donde las lluvias de septiembre habrían favorecido la masiva salida de larvas hacia el pasto (traslación) asegurando UNA ALTA TASA DE HIPOBIOSIS en septiembre-octubre. Esto, podría traducirse en la presentación clínica de la enfermedad –Ostertagiosis Tipo II– en el verano/otoño 2022. El tratamiento tendiente a evitar el efecto descripto anteriormente debe realizarse en forma preventiva, pues el daño producido por la reactivación del desarrollo parasitario (Desinhibición) es irrecuperable; a tal punto, que la sintomatología clínica persiste -aún- luego de haber eliminado la carga parasitaria con un antihelmíntico, haciendo necesario en algunos casos la combinación de antihelmínticos y antinflamatorios.

 

Con sentido preventivo entonces, se recomienda la aplicación de un tratamiento antiparasitario en la segunda quincena de noviembre, cuando la población de larvas aún permanece “adormecida”.

 

Debe recordarse que no todos los antihelmínticos tienen buena eficacia contra larvas en hipobiosis, y que en caso de inclinarse por el uso de Bencimidazoles, para los de aplicación oral/intrarruminal debe elevarse la dosis en un 50% (de 5 a 7.5 mg/kg.de peso vivo), en tanto que para los inyectables (Ricobendazole) debe duplicarse la dosis (de 3.75 a 7.5 mg/kg.p.v.). Por su parte los Endectocidas (Avermectinas y Milbemicinas) mantienen la dosis de 0.2 mg/kg.p.v., ofreciendo algunas ventajas en cuanto a los niveles de eficacia con respecto a los citados anteriormente.

A modo de ejemplo se presentan los resultados de dos trabajos realizados para medir la respuesta al tratamiento antiparasitario de noviembre en novillitos y vaquillonas: